Por Giannina Rocha

Los alumnos del Máster en periodismo de viajes realizamos una visita al barrio El Born como parte de la asignatura “Fotografía antropológica”. La tarea del día: encontrar sujetos desconocidos para fotografiar, aproximarse, pedir permiso, soltar la timidez, y disparar el obturador.

Mis tarjetas de memoria suelen llenarse de paisajes, mas no de personas, así que empiezo el reto muy entusiasmada. Se activa en mi cabeza una suerte de radar y barro con la mirada a las potenciales “víctimas”.

En un callejón casi vacío encuentro a Luca, sin compañía pero aparentando esperar algún encuentro, apoyado contra la pared y mirando a la nada con las manos en los bolsillos. Al primer contacto y sin hacer una pregunta posó ante la cámara. A través del lente destacaron su mirada penetrante y pómulos pronunciados. Una sonrisa de lado se empezó a dibujar mientras contaba que es de Roma, para él la mejor ciudad del mundo.

FOTO 1

Decido cambiar de locación hacia la Basílica de Santa María de la Mar, donde entre decenas de personas a paso apurado destaca una mujer por las texturas y colores de su ropa. “No me gusta que me tomen fotos” me dijo en un español masticado, pero con actitud amable. Luego señaló a su pequeño hijo como indicando que el fotografiado fuera él, pero antes de que pudiera hablarle el niño corrió persiguiendo a su hermano. Ella me miró y me dijo: “haré una excepción por ti”. Manteniendo una mirada dulce y cuidando de reojo a sus hijos, me contó que vino a Barcelona de vacaciones, desde su natal París.

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Con dos retratos hechos me siento satisfecha y me dedico a pescar una fotografía espontánea. Se reactiva el radar. Una joven familia da vueltas en su sitio, inquieta, enmarcada en un portal rojo. La niña se esconde tras las piernas de su madre, la madre se aparta sin quitarle la vista mientras que el padre también la mira, entonces la pequeña mira hacia mi cámara y así obtengo la foto que estaba buscando.

 

FOTO 3

Termina el día y reviso una a una las fotos que tomé mientras pienso que cinco palabras (¿te puedo tomar una foto?) acompañadas de una sonrisa pueden ser suficientes para romper el hielo y así conocer, aunque sea por un rato, a nuevas personas y sus historias.