Por Giannina Rocha y Teresa López

Una gira musical en el siglo XVIII, de eso se trató el gran viaje de la familia Mozart por Europa entre 1763 y 1766. Leopold Mozart, padre de Maria Anna y el mundialmente famoso Wolfgang Amadeus, estaba convencido de que el extraordinario talento de sus hijos debía conocerse en el mundo. Así es como, junto a su esposa y niños, recorrió el continente en carruaje y barco con la misión de tocar en las principales cortes europeas. Se desplazaron con destino a Londres, pasando por Munich, Mannheim, París, entre otros; para luego retornar cruzando ciudades de los Países Bajos y Suiza, donde lograron conectar con la aristocracia de la época.

Si bien el principal motor del viaje era el deseo de Leopold por promover los dones de sus aún infantes hijos, inyectó en ellos la pasión por conocer nuevos territorios. Años más tarde, Wolfgang Amadeus no concebía permanecer en su natal Salzburgo por mucho tiempo porque quería continuar viajando. Para él los viajes eran fuente de inspiración para sus notables obras. “Aquellos que cultivan las artes y enseñanzas, y no viajan, son criaturas miserables” dijo Wolfgang Amadeus.