Por Beatriz Sánchez y Adriana Pfab (Vía Babel)

Cualquiera que pase por Barcelona, en cuanto camine unos metros por Las Ramblas, se percatará de la importancia de las floristerías en la ciudad. Algo tan clásico y común, sobre todo en ciertas fechas, como regalar flores y plantas no resulta tópico en una capital en la que el negocio de las floristerías ha encontrado un concepto de venta distinto, donde conviven la idea tradicional del gremio y otra forma de comercialización más moderna.

Entre tulipanes, orquídeas y rosas rojas apareció Ana. Con una jarra iba regando una variedad de macetas medianas y pequeñas. Ana Belastegui es una emprendedora en el negocio de las flores y tiene su floristería, Flors Ana, en Las Ramblas

Con una sonrisa perenne contó que anteriormente había trabajado en el puesto de plantas de su hermana durante cinco años, hasta que decidió emprender y arriesgarse invirtiendo sus ahorros en lo que sería una de las floristerías más visitadas de uno de los lugares más famosos de Barcelona. <<Al principio no fue fácil, ahora el negocio avanza mejor>>, afirmó. Sin embargo, como en todo, hay días buenos y otros no tanto. Cuenta que hay días en los que vende trescientos euros y otros solamente cincuenta. <<Aunque por ejemplo, en enero, no llego ni a los gastos>>. Aunque es consciente de que España no se ha repuesto totalmente de la crisis y afirma que antes de ésta se vendía mucho más que ahora. Por otra parte, también existe mucha competencia de floristerías en Las Ramblas, y parte de ella un tanto desleal.

Las flores las compra todos los lunes, miércoles y viernes en el Mercat de flors i plantas ornamentals de Catalunya que se encuentra en Vilassar del Mar. Ana comenta que, cuando no se venden las flores cortadas, se tienen que tirar a la basura porque la calidad de las plantas se pierde fácilmente y prefiere no arriesgarse y cuidar a su clientela.

Usualmente son los turistas los que adquieren flores y macetitas con cactus que tienen algún dibujo o leyenda con el nombre de Barcelona. Por otra parte, existen muchas personas que prefieren comprar las plantas en semillas para sembrarlas en sus propios jardines y formar hortalizas. Entre los nacionales, lo que más se vende son las rosas, plantas aromáticas, ramos de flores o las orquídeas, que son más aptos para decorar interiores.

Sobre el futuro del negocio, Ana es optimista: <<Trabajo aquí muchas horas, pero para mí merece la pena ser mi propia jefa y a rasgos generales no me quejo, las ventas no son malas y creo que, de cara al futuro, van mejorando poco a poco>>.

En otro punto de la ciudad, son las 10 de la mañana. La cafetería aún está tranquila: no es primera hora del día y aún queda un rato para los desayunos del mediodía. Lucía López, dueña del Espai Joliu, sortea las macetas que acaba de acomodar hasta llegar a la barra, pasa al otro lado de la misma y se pone a servir un par de cafés. <<Llevo un año y medio en este negocio, donde el concepto son las plantas, el café es el punto de encuentro y reunión>>, explica. 

La idea le vino de su época viviendo en Berlín, donde pudo acudir en varias ocasiones a diferentes cafés llenos de plantas.

Sobre sus ventas, asegura que hay equilibrio puesto que  <<se vende más café, pero una planta es más cara, así que compensa>>. Aunque la mayoría va a consumir, también hay usuarios que sólo van a por una maceta y que generalmente las compran no para ellos, sino para hacer algún regalo.

Su clientela, desde adolescentes por las tardes hasta treinteañeros a cualquier hora, aprovechan su rato en el local para hacer reuniones, tanto de amigos como de trabajo, mientras consumen. <<También hay muchos turistas, pero la mayoría son personas que trabajan y estudian por la zona>>.

Cuando empiezan a escasear las plantas, se ve en la necesidad de comprar más y dice que es cada mes y medio cuando suele tener que ir a por género>>. Los cactus, la mostera, suculentas y plantas de interior son las más vendidas, comenta, aunque la temporada es la que manda en muchas ocasiones.

 

¿El futuro de este tipo de negocio? De cara al futuro, Lucía asegura que cada vez acude más gente, por lo que piensa que va a seguir funcionando bien. <<Es un lugar además especial por el local en sí, es un sitio diferente, no es fácil encontrar algo así>>. Y aunque no descarta ampliar el negocio, de momento está centrada en el Espai y afirma que nunca lo convertiría en una franquicia ya que << va bien así y el concepto de franquicia no va con la idea de negocio que tengo>>.

 

Distinto concepto, clientes diferentes.

En el puesto de Ana Belastegui, la clientela fija es escasa. Esto es principalmente debido a que la gran parte de los compradores son turistas o habitantes de la zona que sólo se acercan para adquirir algún producto en ocasiones señaladas. A esto hay que añadir la localización de Flors Ana, en Las Ramblas, paso obligado de extranjeros y foráneos.
En cambio, en el Espai Joliu sí que se cuenta con consumidores asiduos. <<A veces, quien suele pasarse a tomar café, habitualmente, viene a por alguna planta y al día siguiente de nuevo está sentado tomando algo>>, comenta Lucía López. El hecho de aunar cafetería y venta de flores y macetas ha conseguido que el negocio de esta emprendedora cree, en poco tiempo, una notoria fidelidad entre las visitas de las personas que viven o frecuentan el barrio de Poblenou, en el distrito de Sant Martí, una de las menos turísticas y más residenciales de Barcelona.