Por Giulia Casagli

En la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia, vive una población muy antigua y tradicional, los koguis. Se estima que alrededor de unas 10.000 personas quieren mantener sus tradiciones y sus costumbres, lejos de la “civilización“. Su cultura se centra en proteger a la Madre Tierra y mantener un equilibrio entre las energías naturales a través de los rituales, para que el año sea próspero y las cosechas buenas.

Ellos consideran que los picos nevados de la sierra son el centro del mundo. De hecho se sienten “hermanos mayores“ por sus conocimientos sobre la naturaleza, comparados con los que no forman parte de su etnia, a los que llaman “hermanos menores“. Los koguis veneran y respetan la Pachamama, se comunican con ella y la cuidan, lo que los “hermanos menores“ ya no hacen.

Su tierra es vista por este grupo étnico como un cuerpo humano, donde los picos nevados son la cabeza, las lagunas el corazón y los ríos representan las venas.

Todo ese espacio es sagrado y lo que se percibe dentro de ello es inmensidad. Nosotros, “hermanos menores“, hombres procedentes de un mundo totalmente distinto al suyo, nos sentimos minúsculos delante de una naturaleza tan impenetrable y salvaje, tan enorme.

Los hombre y las mujeres koguis viven separados: cada uno tiene su casa/cabaña y se dedican a la agricultura y a la ganadería, aunque su alimentación se basa en plátano. En los últimos años se dedican también al turismo porque por ahí pasa el famoso camino hacia la Ciudad perdida, para ellos el lugar más sagrado.

El hombre kogui siempre lleva consigo una calabaza, el poporo, objeto sagrado que reciben cuando pasan de ser niños a hombres y que les va a acompañar toda la vida. El poporo está vacío en su interior, solo lleva un agujero en la parte superior por donde hacen pasar un palito con el cual machacan conchas todo el día, hasta que se hacen polvo. Este polvo, a través de la saliva, lo pegan a hojas de coca que van masticando durante el día. Con la mixtura que crean dentro la boca forman una pasta blanca, la cual restriegan con el palito al exterior de la calabaza. Ésta con el tiempo crece y cuando se hace demasiado grande la dejan de lado y agarran otra. Repiten eso durante toda su vida.

Como cada etnia antigua de América Latina, los koguis también tienen un chamán, al que llaman mamo. Es una figura muy importante dentro de la colectividad: hace de intermediario entre las fuerzas celestiales y los seres humanos, tiene poder médico, elige cuándo hacer los rituales, elige la mujer para un hombre… Para distinguirse, el mamo lleva un gorro blanco convexo que simboliza su tierra sagrada: la Sierra Nevada.

Es posible que, adentrados en lo que nosotros consideramos que es la civilización, no lleguemos a comprender el valor que dan a su tierra los koguis. Al estar inmersos en este ambiente, se llega a entender el recelo con el que defienden su territorio. Te dejamos un vídeo para que puedas llegar a sentir la vida que se respira allí y entender la valía de la naturaleza, su casa.