Por Beatriz Sánchez

El mes de octubre es especial en Zaragoza por la festividad de la Virgen del Pilar. Aunque esta fiesta se celebra en toda España, la repercusión es mayor allí por ser la patrona de la ciudad.

La leyenda cuenta que, cuando el Apóstol Santiago intentaba con complicaciones evangelizar España, María se le apareció en una columna en el sitio donde actualmente se encuentra la Basílica de la Virgen del Pilar. Después, ya en el siglo XVIII, Pío XII la nombró patrona de todos los pueblos hispanoamericanos. Es la razón por la que también, para muchos, se trata de una conmemoración también identitaria.

Se festeja desde el fin de semana anterior al 12 de octubre hasta el domingo después de este mismo día, haciendo de Zaragoza un espectáculo en estas fechas. La jornada del 12 representa uno de los momentos cumbre de las celebraciones.

Desde las siete de la mañana, grupos organizados de personas ataviadas con sus trajes y música típicos van recorriendo el Paseo de la Independencia. Durante el camino, van bailando a la vez que andan para no demorarse y retrasar al resto de grupos. La razón es que la ofrenda dura hasta que la noche hace acto de presencia. Al llegar a la Plaza del Pilar los grupos posan un ramo de flores a los pies de la Virgen que formará el manto de la misma.

A lo largo del transcurso del día, pasearse por los rincones de la ciudad es toparse con gran cantidad de personas vestidas con el traje regional aragonés. Además de otras nacionalidades como la japonesa o la rumana, aunque especialmente de los trajes típicos españoles y de países del sur y centro de América.

Grupo de mujeres, con el traje de baturra, se dirige hacia la plaza para realizar la ofrenda floral.  FOTO: Creative Commons

La fiesta se extiende más allá del casco antiguo cuando se abandona la plaza en dirección al río Ebro.  Un mercado lleno de puestos de madera se dispone en fila a lo largo de un buen trecho del río. Los tenderos venden dulces, quesos, embutidos, vinos, jabones, aceites, joyas y más productos típicos de varios puntos de España. Otros puestos, de comida, están rodeados de personas hambrientas que llevan desde bien temprano por toda la ciudad presenciando el festejo y formando parte de él.

Durante los días que duran las fiestas, se suceden por la ciudad diversidad de conciertos, concursos, representaciones teatrales, actos tradicionales, etc, que convierten las calles de Zaragoza en un continuo espectáculo.

El fin de fiesta termina con unas hermosas vistas a orillas del Ebro, desde donde los fuegos artificiales salpican la ciudad de luz despidiendo a los días de celebración hasta el año próximo.