Título: El idiota que viaja

Autor: Jean-Didier Urbain

Editorial: Endymion

Año de publicación: 1993

País: Francia

Traducción castellano: Soledad Guilarte Gutiérrez

Por Giulia Casagli

Jean-Didier Urbain es sociólogo, lingüista, etnólogo, especializado en turismo y antropólogo social y cultural a la Universidad de París.

En el libro que escribe en el año 1993  “El idiota que viaja”, critica una figura que afecta bastante la realidad social: el turista.

La narración en tercera persona sigue un ritmo intenso y retórico con constantes referencias al pasado. Urbain entrelaza, con gran capacidad, acontecimientos históricos con la actualidad, consiguiendo estructurar un viaje panorámico a través del tiempo mostrando los distintos rasgos del turista. Ejemplos pertinentes son los viajes de Cristóbal Colón o Vasco da Gama que el autor nomina para poner al lector delante de una reflexión: ¿se podrían denominar a estos personajes turistas de su época?

Esta cuestión plantea otra visión de la historia dando un distinto punto de vista: estos grandes partían en viajes organizados y colectivos en los cuales se aventuraban muy poco a lo desconocido. Preferían quedarse al margen donde podían echar una ojeada general y superficial sin exponerse mucho al “otro”.

¿No es lo que hacen también los turistas de nuestra época? Esta nueva mirada de los acontecimientos nos acompaña en todas las páginas del libro que Urbain desgrana en los pies de página a través de citas de autores, entrevistas, publicidad o declaraciones, ofreciendo al lector un conocimiento más amplio y profundo del tema.

El libro está dividido en tres partes, en las cuales Urbain recorre las distintas caras del turista. Pasa por una descripción de su manera de ser y de comportarse cuando viaja, de los prejuicios que le acompañan, de su evolución en el tiempo transformándose de sencillo peregrino a puro objeto de mercado, al tipo de lugar que busca cuando se aleja de su rutina, hasta llegar a una contraposición con el viajero.

Para utilizar las palabras del autor, el viajero  ̈observa, descubre, respeta, mejora, salva o espera salvar el mundo. ̈ Así resume brevemente qué es un viajero, su espíritu, el simbolismo que busca en su camino y sus necesidades de acercamiento al país y a la gente durante un viaje, que nunca serán las mismas que un turista.

Etimológicamente “turista” deriva de la palabra francesa  ̈tour ̈, girar en círculo, adepto a los circuitos, que recorre un país por distracción. Por el otro lado, el viajero hace un tipo de viaje más largo, a menudo sin planes previos y, lo más importante, escribe y relata sobre sus experiencias. Urbain plantea una reflexión tras otra y en esta profundización se muestra la estrecha relación que en realidad también existe entre estas dos categorías de viajeros.

Con el desarrollo de los medios de comunicación, de la tecnología y el auge del turismo masivo, estas dos figuras se han acercado cada vez más. El turista plantea viajes cada vez más atrevidos, buscando el riesgo, la aventura, lo diferente. Esto gracias también a las agencias y publicidades que prometen salidas fuera de lo habitual y de la rutina.

Mientras que el viajero se encuentra obligado a utilizar medios de transporte siempre más a menudo, a buscar información en el mundo infinito de la web y a tolerar la manada de turistas que, cada vez más, invaden su camino mermando la magia de la aventura.

Estos papeles tan ambiguos confunden al viajero que no puede encontrar su identidad en este mundo: ¿Quién es el turista y quién es el viajero?

Esta pregunta nos persigue a lo largo de las 300 páginas intentando buscar una respuesta, la cual es cada vez más difícil de encontrar.

La diferencia más marcada es la actitud con la cual se viaja, el respeto y la humildad que se muestra al enfrentamiento con otras culturas. Estar abiertos a las novedades, al aprendizaje y al conocimiento es el primer paso para no crear barreras con el “Otro”.
Como escribe Kapuscinski, “El Otro dejaba de ser sinónimo de lo desconocido y lo hostil, de peligro mortal y de encarnación del mal. Cada individuo hallaba en sí mismo una parte, por minúscula que fuese, de aquel Otro, o al menos así lo creía y vivía con este convencimiento“.

Lo importante durante un viaje es dejarse llevar por la curiosidad y las necesidades de descubrir que hay más allá del “Yo”.

Cada viaje ayuda a reflexionar, a abrir la mente hacia nuevas realidades, a desarrollar nuevos puntos de vista y pensamientos sobre la vida y el mundo. Por eso siempre hay que pensar en ir al extranjero con conciencia del lugar que pisamos: conocer la historia, la cultura, las leyendas, ir con respeto e interés. ¿Por qué viajar con miedo a conocer y en mezclarse con las personas del lugar?

Eso más que nada es EL viaje. Y el viaje hace al viajero.