Por Beatriz Sánchez

Cuando la matrona notó que el recién nacido Pablo estaba muerto, lo dejó en una mesa para asistir a su madre. El tío del pequeño, al ver al inerte bebé, expulsó el humo del cigarrillo que fumaba en la cara del neonato sin vida. En ese momento, Pablo comenzó a llorar y vino al mundo quien sería una futura leyenda.

Nacido en 1881 en Málaga, el artista Pablo Ruiz Picasso realizó su primera pintura al óleo a los ocho años. El pequeño picador amarillo, que así se llamaba, fue ejecutada tras una corrida de toros. A medida que crece, el niño Pablo empieza a demostrar grandes dotes para la pintura.

A los trece años ya hizo su primera exposición en La Coruña, Galicia, donde su familia se trasladó por motivos económicos. El cambio no satisfizo al joven Picasso, quien llegó a decir “Ni Málaga, ni toros, ni amigos, ni nada de nada”, presa del descontento. Aún así, la ciudad gallega le brindó la oportunidad de publicar caricaturas y dibujos en diversas revistas.

Mientras pasa sus años de adolescencia, el día a día y sus vivencias acompañan a Picasso en sus obras. Y es que la realidad siempre persiguió a este genio de las artes pictóricas.

En 1901, tras el suicidio de su amigo Carlos Casagemas, a Picasso y su obra los envolvió el color azul. A esta llamada etapa azul pertenecen sus obras más melancólicas como El viejo guitarrista, El desayuno de un ciego o La Tragedia. En ellas predominan los colores fríos, las formas angulosas y los protagonistas están inspirados en personajes marginales encuadrados en escenas con un ambiente lúgubre. Esta fase termina en 1904 y transcurre principalmente entre Madrid, Barcelona y París.

El viejo guitarrista, obra incluida en la etapa azul del artista.

Picasso nunca dejará España pero, cuando en 1904 se instale definitivamente en París, la vida del pintor cobrará otro sentido. En este periodo surge la etapa rosa, que también coincide con su primera relación amorosa. El artista andaluz, que ahora vive cerca de un circo en el barrio de Montmartre, se centra en personajes del mundo circense y también en la figura de la mujer. Con esto, sus lienzos van tiñéndose de colores cada vez más cálidos dando protagonismo a los tonos rosados, naranjas y rojos. De este periodo son El joven arlequín, Los dos hermanos o Madre e hijo, formando este último reflejo de la transición entre la etapa anterior y ésta, donde la atención la captan tanto el color azul como el rosado.

Durante 1906 y 1907 de nuevo se forjará un giro en su obra. En estos años crece en él un interés por el arte antiguo y en concreto por el primitivismo español. Una muestra en el Louvre de París le hace acercarse a esculturas ibéricas encontradas en el sur de España, donde también presencia la imagen de La Dama de Elche.

La escultura íbera de La Dama de Elche, que llegó a influir en la obra de Picasso.

Otras exposiciones de máscaras africanas dejan igualmente huella en él. Es en el momento en el que Picasso estaba pintando Las señoritas de la calle Aviñón. De esta forma, el artista reproduce esas máscaras africanas en algunos de los rostros de estas mujeres del cuadro, prostitutas de un burdel que había calle Avinyó de Barcelona. Es el inicio del cubismo o protocubismo.

Las Señoritas de Aviñón, donde confluyen del arte ibérico y las máscaras típicas africanas que Picasso pudo contemplar en el Museo del Louvre de París.

Aunque la obra de Picasso fue durante toda su vida intensamente prolífica, hecho reconocido en el libro Guinness de los Récords, 1937 supuso un momento clave en su actividad. Ese año se produjo el bombardeo de la ciudad de Guernica, durante la Guerra Civil Española. Es cuando Picasso pinta una de sus obras más conocidas mundialmente  y exponente del estilo expresionista, el Guernica. Este ataque se plasma en el mural poniendo toda atención en el horror que causa la guerra en el pueblo, en el ser humano. En estos años, la guerra cala hondo en el genio y se dedica a manifestar en sus cuadros sentimientos de pánico, horror y pena.

El Guernica muestra la brutalidad de la guerra.

Fue su forma de hacer un llamamiento sobre lo que se estaba viviendo en España y elevó el arte a un modo de denuncia. Como el mismo Picasso dijo cuando le preguntaban por el Guernica, “No, la pintura no está hecha para decorar las habitaciones. Es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo.”